Llevo más de 25 años jugando a Zelda. Desde que mi padre me dejó su NES con el cartucho dorado original hasta que me pasé Tears of the Kingdom en su semana de lanzamiento sin dormir casi nada. He jugado a todos. A los buenos, a los regulares y a los que la gente prefiere olvidar. Y después de tanto tiempo, creo que me he ganado el derecho de decir cuáles son los mejores y cuáles no tanto.
Este ranking de juegos de Zelda no está basado en notas de Metacritic ni en lo que diga la mayoría. Es mi lista, con mis opiniones, basada en haberlos jugado todos de principio a fin. Algunos os van a sorprender. Otros os van a enfadar. Perfecto, para eso estamos.
Vamos del peor al mejor. Sin contemplaciones.
18. Zelda II: The Adventure of Link (NES, 1987)
Empezamos por el fondo del barril y no creo que nadie se sorprenda. Zelda II es el experimento que salió mal. Nintendo decidió que lo que necesitaba Zelda era ser un juego de plataformas con vista lateral, combate tosco y encuentros aleatorios al estilo RPG. El resultado es un juego frustrante, injusto y que envejece peor con cada año que pasa.
¿Tiene cosas rescatables? Sí, la ambición de cambiar la fórmula es admirable. Pero la ejecución es desastrosa. Los controles son imprecisos, la dificultad está mal calibrada y los continues limitados hacen que cada game over sea un castigo desproporcionado. Es el único Zelda al que no volvería ni por nostalgia.
17. Tri Force Heroes (3DS, 2015)
Un Zelda cooperativo para tres jugadores que nadie pidió y que casi nadie jugó como estaba pensado. Si no tenías dos amigos con 3DS y el juego, la experiencia era mediocre tirando a mala. Los puzzles estaban diseñados para tres cerebros coordinados, pero el juego te obligaba a jugar con desconocidos o con bots patéticos si no tenías grupo.
El sistema de comunicación con emoticonos era desesperante. Imagina intentar resolver un puzzle cooperativo cuando solo puedes decir «¡vamos!» o «¡aquí!». Un concepto interesante ejecutado de la peor manera posible.
16. Spirit Tracks (DS, 2009)
Aquí empiezan las opiniones polémicas. Spirit Tracks es un juego simpático, tiene buen humor y la idea de Zelda como compañera fantasma es genial. Pero ese maldito tren. Ir por raíles fijos por un mapa que se vuelve repetitivo después de dos horas es un suplicio. Nintendo confundió «medio de transporte» con «entretenimiento» y no, no es lo mismo.
Los controles táctiles heredados de Phantom Hourglass tampoco ayudan. Soplar en el micrófono para tocar la flauta era gracioso la primera vez y un infierno las siguientes veinte. Un Zelda menor que merece más reconocimiento del que tiene, pero que no puede competir con el grueso de la saga.
15. Phantom Hourglass (DS, 2007)
La secuela directa de Wind Waker que no le hizo justicia. Phantom Hourglass tenía el estilo visual encantador de su predecesor pero lo encerró en una pantalla diminuta con controles exclusivamente táctiles que nunca terminaron de funcionar bien. Dibujar en el mapa era innovador. Mover a Link con el stylus era un castigo.
Y luego está el Templo del Rey del Mar. Volver a recorrer el mismo dungeon una y otra vez, con un temporizador encima, es una de las peores decisiones de diseño en la historia de Zelda. Entiendo lo que intentaban hacer, pero el resultado es tedioso hasta decir basta.
14. The Legend of Zelda (NES, 1986)
Sí, el original está en la mitad baja. Y no, no es por faltarle al respeto. El primer Zelda es un hito histórico, un juego revolucionario que inventó prácticamente un género. Pero estamos haciendo un ranking de calidad, no de importancia histórica. Y jugado hoy, el Zelda original es críptico hasta la exasperación, con puzzles que requieren quemar cada arbusto y bombardear cada pared sin ninguna pista.
Su libertad total era visionaria, eso es innegable. Pero también significa que puedes acabar en zonas donde los enemigos te destrozan sin haber encontrado el equipamiento necesario. Es el abuelo de la saga y merece todo el respeto del mundo, pero no pretendamos que es mejor que sus nietos.
13. Four Swords Adventures (GameCube, 2004)
Un juego técnicamente bueno que sufría del peor requisito de hardware de la historia de Nintendo: necesitabas cables GBA-GameCube y Game Boy Advances para cada jugador. ¿Quién tenía eso? Casi nadie. Y en solitario era una experiencia plana, un Zelda sin alma que existía solo para justificar una conectividad que a Nintendo le obsesionaba en esa época.
Cuando funcionaba con cuatro jugadores era caótico y divertido, pero esa barrera de entrada lo convierte en uno de los Zelda más inaccesibles que existen.
12. Skyward Sword (Wii, 2011)
Aquí me voy a ganar enemigos. Skyward Sword es un juego que mucha gente adora y que a mí me parece el Zelda más frustrante de la era moderna. Los controles con Motion Plus eran imprecisos cuando más necesitabas precisión. Fi es la compañera más insoportable de toda la saga, interrumpiéndote cada treinta segundos para decirte algo obvio. Y la estructura del juego te obliga a revisitar las mismas tres zonas hasta el hartazgo.
¿Lo bueno? Tiene algunos de los mejores dungeons de toda la franquicia. El Templo de la Tierra y la Nave de Arena son brillantes. La historia de amor entre Link y Zelda es genuinamente emotiva. Pero todo eso queda enterrado bajo capas de decisiones de diseño cuestionables. La versión HD de Switch mejoró bastante los controles, pero no solucionó los problemas de fondo. También puedes leer nuestra review de Zelda en Switch 2 para ver cómo se juegan en la nueva consola.
11. Oracle of Seasons (GBC, 2001)
El hermano orientado a la acción del dúo de Game Boy Color. Oracle of Seasons es un juego sólido con una mecánica central estupenda: cambiar las estaciones para alterar el mundo. El problema es que vive a la sombra de su hermano gemelo, que es simplemente mejor en casi todo. Los dungeons son correctos pero no memorables, y el mundo se siente menos cohesionado que el de Ages.
Si lo juegas vinculado con Oracle of Ages, la experiencia conjunta es fantástica. Pero por separado, se queda en un Zelda competente sin más.
10. Oracle of Ages (GBC, 2001)
El gemelo superior. Oracle of Ages apuesta por los puzzles y los dungeons complejos, y gana la apuesta. La mecánica de viajar entre pasado y presente da pie a algunos de los acertijos más ingeniosos de toda la saga portable. Los dungeons son exigentes de verdad, sin llegar a ser injustos. Y la historia tiene más peso emocional de lo que esperarías de un juego de Game Boy Color.
Capcom hizo un trabajo extraordinario con estos dos juegos. Es una pena que nunca se hicieran remakes en condiciones, porque merecen ser redescubiertos por una generación nueva de jugadores.
9. The Minish Cap (GBA, 2004)
El Zelda más infravalorado de todos. The Minish Cap es una pequeña joya que casi nadie jugó en su momento porque salió al final de la vida de Game Boy Advance, cuando todo el mundo miraba ya hacia DS. Y es una lástima, porque es un juego con una cantidad absurda de encanto.
Encogerse al tamaño de un insecto y explorar el mundo desde esa perspectiva es una idea brillante que está ejecutada con mimo. Los dungeons son creativos, el arte visual es precioso y Ezlo es un compañero con personalidad que no te quieres arrancar de la cabeza como Fi. Si nunca lo has jugado, hazlo. Es corto, dulce y enormemente satisfactorio.
8. Link’s Awakening (GB/Switch, 1993/2019)
El Zelda más extraño y uno de los más emotivos. Link’s Awakening transcurre en una isla que no es Hyrule, sin Zelda, sin Ganon, y con personajes de Mario haciendo cameos. Es un juego que no debería funcionar y que funciona maravillosamente. La revelación final sobre la naturaleza de la isla es uno de los momentos más agridulces de toda la saga.
El remake de Switch es visualmente precioso, con ese estilo diorama que le sienta de maravilla. Pero tiene bajones de framerate inexcusables para el hardware. El original de Game Boy sigue teniendo un encanto especial que el remake no captura del todo, esa sensación de descubrir algo íntimo y personal en una pantalla diminuta.
7. Twilight Princess (Wii/GC, 2006)
El Zelda oscuro que la gente llevaba pidiendo desde que vio aquel tráiler del E3 2004. Twilight Princess entrega exactamente lo que promete: un Zelda adulto, con una estética sombría y una historia con peso real. Midna es la mejor compañera de toda la saga, con un arco de personaje que la lleva de ser una pesada manipuladora a alguien por quien genuinamente te preocupas.
¿El problema? Es demasiado fácil. Los combates no suponen ningún reto para cualquiera que haya jugado a un Zelda anterior. Y la primera hora y media es un tutorial interminable que casi te hace abandonar antes de que el juego empiece de verdad. Los dungeons son espectaculares —Snowpeak Ruins y el Templo del Tiempo son de los mejores de toda la saga— pero el mundo que los conecta se siente vacío comparado con lo que vendría después.
Si estás pensando en los juegos de Zelda que llegarán a Switch 2, puede que un remake de Twilight Princess sea uno de los más deseados por la comunidad.
6. The Wind Waker (GC, 2002)
El juego que todo el mundo odió cuando se anunció y que ahora todo el mundo adora. Wind Waker tiene el mejor estilo visual de toda la saga: ese cel-shading que parecía «infantil» en 2002 ha envejecido mejor que cualquier otro Zelda. Las expresiones faciales de Link transmiten más emoción que cualquier modelo realista.
Navegar por el Gran Mar es una experiencia polarizante. Las primeras horas son mágicas, con esa sensación de descubrimiento al divisar una isla nueva en el horizonte. Pero hacia el final, cuando ya has explorado la mayoría del mapa, el backtracking se vuelve tedioso. Y la búsqueda de los fragmentos de la Trifuerza en el original es un relleno imperdonable que la versión HD afortunadamente redujo.
La batalla final contra Ganondorf es, para mí, la mejor de toda la saga. Ese golpe de espada en la cabeza. Esa lluvia. Perfección.
5. A Link Between Worlds (3DS, 2013)
La secuela de A Link to the Past que nadie esperaba y que salió redonda. A Link Between Worlds revoluciona la estructura de Zelda al dejarte alquilar objetos desde el principio, permitiéndote abordar los dungeons en el orden que quieras. Es una libertad que anticipó lo que Breath of the Wild haría a mayor escala cuatro años después.
La mecánica de convertirte en pintura mural es genial y está explotada al máximo en puzzles que juegan con la perspectiva de maneras sorprendentes. Es un juego que respeta tu tiempo, que no te trata como un idiota y que demuestra que la fórmula clásica de Zelda todavía tiene mucho que ofrecer. Si solo vas a jugar un Zelda de 3DS, que sea este.
4. Majora’s Mask (N64/3DS, 2000)
El Zelda más oscuro, más raro y más valiente de todos. Majora’s Mask te da tres días para salvar el mundo y luego te obliga a rebobinar el tiempo y empezar otra vez. Es un concepto que suena horrible sobre el papel y que en la práctica genera una tensión constante que ningún otro Zelda ha replicado. Si te interesa, echa un vistazo a Por dónde empezar en Zelda: guía para nuevos jugadores. Te recomendamos leer también Por dónde empezar en Zelda: guía para nuevos jugadores.
Termina es un mundo que se siente vivo de verdad. Cada NPC tiene su rutina, sus problemas, sus miedos ante el apocalipsis inminente. La misión de Kafei y Anju sigue siendo una de las mejores sidequests de la historia de los videojuegos. No es un juego para todo el mundo —su estructura repetitiva puede ser agotadora— pero para quien conecte con él, es una experiencia que no se olvida.
La versión de 3DS cambió cosas que no debía tocar, especialmente las peleas con los jefes. Si puedes, juega al original o a la versión con el mod de restauración.
3. A Link to the Past (SNES, 1991)
La plantilla. El molde. El juego que definió lo que un Zelda debía ser durante los siguientes veinte años. A Link to the Past es tan bueno que resulta casi imposible criticarlo. El diseño de dungeons es impecable, cada objeto que encuentras abre nuevas posibilidades de exploración, y la revelación del Mundo Oscuro es un momento que marcó a toda una generación.
Es el Zelda más puro que existe. Sin cinemáticas interminables, sin tutoriales condescendientes, sin relleno. Te da un mundo, te da herramientas y te dice «adelante». Y treinta y tantos años después sigue siendo igual de jugable y disfrutable. Si alguien me pregunta por dónde empezar con Zelda, casi siempre recomiendo este.
2. Ocarina of Time (N64/3DS, 1998)
Sí, Ocarina of Time no es mi número uno. Respira hondo, que me explico.
Ocarina of Time es un juego monumental. Llevó a Zelda al 3D de una manera que parecía imposible y lo hizo con una elegancia que sigue siendo admirable. El sistema de Z-targeting cambió los juegos de acción para siempre. El Templo del Bosque es el mejor dungeon de la franquicia. La historia de Link creciendo de niño a adulto y descubriendo que el mundo que conocía ha sido destruido es devastadora.
Pero Ocarina de Time también tiene el Templo del Agua, que es mucho menos divertido de lo que la gente recuerda. Tiene secciones de Hyrule Field que hoy se sienten vacías. Y tiene una estructura que, siendo revolucionaria en 1998, ha sido superada por juegos posteriores que aprendieron de lo que este hizo bien y lo llevaron más lejos.
Sigue siendo uno de los mejores juegos jamás creados. Pero no es el mejor Zelda. Ese puesto es para otro.
1. Tears of the Kingdom (Switch, 2023)
Aquí es donde muchos esperaban ver Breath of the Wild. Y entiendo por qué: BotW reinventó la saga y merece todo el crédito del mundo por eso. Pero Tears of the Kingdom cogió esa base y construyó algo superior en prácticamente todos los aspectos.
Ultrahand es el sistema de crafteo más creativo que he visto en un videojuego. La libertad que te da para resolver problemas es genuinamente ilimitada. Los Santuarios son más variados e ingeniosos que los de su predecesor. Las Profundidades son una zona enorme que genera una sensación de exploración y peligro que Breath of the Wild nunca alcanzó. Y la historia, aunque sigue el mismo formato fragmentado, tiene más peso emocional gracias a las Lágrimas del Dragón.
¿Es perfecto? No. La gestión de inventario con los materiales de fusión es un engorro. Los templos principales siguen sin estar a la altura de los dungeons clásicos. Y sí, reutiliza el mapa de BotW, lo que le quita parte de la magia del descubrimiento. Pero lo que añade es tan bueno que compensa de sobra.
Si tienes una Switch —o estás esperando a ver las diferencias entre Switch 2 y la Switch original— Tears of the Kingdom es el juego que no puedes dejar de jugar. Es el mejor Zelda que existe ahora mismo, y posiblemente el mejor juego de la saga cuando miremos atrás dentro de veinte años.
Mención aparte: Breath of the Wild
Me van a llover críticas por no poner Breath of the Wild en el top 3. Y lo entiendo, de verdad. BotW es un juego que cambió la industria entera. La libertad de exploración, la física interactiva, la sensación de descubrimiento genuino en cada colina. Todo eso es real y merece reconocimiento eterno.
Pero jugado hoy, después de Tears of the Kingdom, se nota que era un primer intento. Los Santuarios son más repetitivos, los enemigos menos variados, y las Bestias Divinas son dungeons flojos para los estándares de Zelda. Lo coloco justo fuera del top 5, probablemente en un empate técnico con A Link Between Worlds dependiendo del día. Es un juego extraordinario que tuvo la mala suerte de ser superado por su propia secuela.
Conclusión: no hay un Zelda malo de verdad
Después de escribir todo esto, me doy cuenta de algo: incluso los Zelda que he puesto en la parte baja de la lista son juegos que disfruté. Zelda II me hizo sufrir pero también me enseñó que los videojuegos podían ser diferentes. Tri Force Heroes me dio risas con amigos aunque el juego no acompañara. Hasta Spirit Tracks tiene momentos de pura genialidad nintendo.
Esa es la magia de esta saga. Treinta y ocho años de historia y ni un solo juego realmente malo. Solo algunos que son menos brillantes que otros. Y eso, en una industria donde las franquicias se desgastan y mueren, es algo que merece celebrarse.
¿Estás de acuerdo con mi ranking? ¿Qué Zelda pondrías tú en el número uno? La guerra está servida.
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