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Llevo más de 30 horas con Donkey Kong Bananza y todavía me descubro sonriendo como un idiota cada vez que DK destroza una pared y encuentra algo que no esperaba detrás. Eso dice mucho de un juego que, sobre el papel, no debería funcionar tan bien como lo hace.

Porque seamos sinceros: cuando Nintendo anunció que el equipo de Super Mario Odyssey iba a hacer un juego de Donkey Kong, la primera reacción de mucha gente fue «¿por qué?». DK llevaba años relegado a plataformas 2D (brillantes, eso sí) y apariciones en Mario Kart. Darle un juego 3D completo en la nueva Switch 2 era una apuesta arriesgada. Una apuesta que, con un 90 en Metacritic, parece que ha salido bastante bien.

De qué va Bananza (sin spoilers gordos)

DK es minero. Sí, minero. Busca unas gemas con forma de plátano llamadas Banandium en la Isla Lingote cuando todo se va al traste: la Compañía Void le roba su colección y lo manda al subsuelo. Literalmente. El gorila acaba cayendo por un agujero hacia las profundidades del planeta, donde se encuentra con Pauline — que aquí aparece en forma de roca antes de transformarse — y juntos emprenden un viaje al centro de la Tierra que Julio Verne habría aprobado.

La historia es simple, como suele pasar en los juegos de DK. Pero funciona porque el juego no pretende ser más de lo que es: una excusa para meterte en mundos cada vez más locos mientras bajas capa tras capa hacia el núcleo del planeta. Y lo de «cada vez más locos» no es una forma de hablar.

17 capas y ninguna relleno

La estructura del juego es lo primero que sorprende. Olvídate del mapa clásico con mundos numerados. Aquí bajas. Cada capa (o Sublayer) tiene su propia identidad, sus habitantes, sus problemas y sus secretos. El sistema de numeración va de SL 10 a SL 1600, y aunque suena a mucho, la progresión es natural.

Las primeras capas — la Laguna, la Colina, el Cañón — te enseñan las mecánicas con calma. Nada de tutoriales interminables: aprendes golpeando cosas, que es exactamente lo que DK haría. Pero cuando llegas a la División (SL 400), el juego te lanza la primera curva real: tienes que elegir entre dos caminos, el Freezer o el Forest. Acabarás haciendo los dos, pero el orden importa más de lo que parece.

El Freezer es una capa de dulces helados con superficies resbaladizas que te obliga a repensar cómo te mueves. El Forest es un pantano venenoso donde la exploración vertical sustituye a la horizontal. Son experiencias completamente distintas, y el hecho de que puedas elegir cuál hacer primero le da al juego una sensación de libertad que pocos plataformas 3D consiguen.

Luego están las capas profundas. La Capa Resort parece un paraíso tropical hasta que te das cuenta de que las frutas son cúbicas y gigantescas y tienes que escalar una sandía del tamaño de un edificio. La Capa Tempest te mete en tormentas de fuego con combates contra jefes múltiples. Y la Capa Vertedero… bueno, imagina hacer plataformeo en una montaña de basura. Suena horrible. Es genial.

Romper cosas nunca fue tan divertido

La mecánica estrella de Bananza es la destrucción. DK puede golpear, cavar y lanzar prácticamente cualquier cosa que vea, gracias a la tecnología voxel que Nintendo ya probó tímidamente en el Reino Gastronómico de Odyssey (¿te acuerdas de cavar en el queso?). Aquí la llevan al extremo.

Todo — y cuando digo todo, me refiero a casi todo — es destructible. Paredes, suelos, estructuras enteras. Durante mis primeras horas, me dediqué exclusivamente a destruir cosas por el placer de hacerlo. Es adictivo de una forma que no puedo explicar sin que suene ridículo. Pero ahí está la trampa: si solo destrozas, te pierdes lo mejor.

Porque debajo de cada superficie hay algo. Un pasadizo secreto. Un puzle. Una Gema de Banandium escondida. Un NPC con una misión secundaria absurda. El juego te recompensa constantemente por explorar y experimentar, y la sensación de «arrancar un trozo de tierra y encontrar algo inesperado» no se agota ni después de 30 horas.

La clave es que Nintendo ha diseñado los niveles pensando en esta mecánica, no al revés. No es un juego de plataformas al que le han añadido destrucción: es un juego de destrucción creativa que resulta ser un plataformas. Y esa diferencia es fundamental.

Las transformaciones Bananza: cuando DK deja de ser DK

Pauline no está de acompañante solo para hacer comentarios. Su habilidad principal es cantar, y sus canciones activan las transformaciones Bananza, que son — sin exagerar — lo más creativo que he visto en un plataformas desde las capturas de Odyssey.

Cada transformación cambia radicalmente cómo juegas. Necesitas acumular bananergía (recogiendo oro por los niveles) para que Pauline active el poder, y cada una está asociada a una capa concreta. La transformación Zebra del Freezer, por ejemplo, te da mecánicas de deslizamiento sobre hielo que convierten el nivel en una pista de carreras improvisada. Cada Elder subterráneo que encuentras te da una nueva forma, y el juego te obliga a dominarlas para progresar.

Lo que más me gusta es que no son poderes que usas una vez y olvidas. Muchas capas posteriores requieren volver con transformaciones que conseguiste antes, lo que le da al juego un toque casi metroidvania que no esperaba encontrar.

La sombra de Odyssey (y por qué no es un problema)

Es imposible hablar de Bananza sin mencionar a Super Mario Odyssey. Están hechos por el mismo equipo, comparten la filosofía de exploración libre con coleccionables por todas partes, y ambos tienen un compañero que te da poderes especiales. Las comparaciones son inevitables.

¿Es Bananza tan bueno como Odyssey? Depende de lo que valores. Odyssey es un juego más pulido, más cohesionado, con una identidad más clara. Bananza es más caótico, más impredecible, más… salvaje. Como DK, vamos. Si Odyssey era un reloj suizo, Bananza es un gorila rompiendo cosas en una joyería. Y a veces eso es exactamente lo que necesitas.

Polygon lo expresó bien en su review: incluso cuando notas que Nintendo ha hecho compromisos en el diseño de puzles o desafíos para acomodar la mecánica de destrucción, rara vez importa, porque el juego es tan divertido que las costuras no molestan. Comparto esa opinión al 100%.

Los mundos más bonitos de Switch 2

Visualmente, Bananza es una declaración de intenciones para Switch 2. Cada capa tiene una paleta de colores distinta, un diseño artístico propio y unos detalles ambientales que invitan a pararte y mirar. El mundo subterráneo de Nintendo es absurdo — zebras que fabrican helados, avestruces que gestionan hoteles de lujo, serpientes inventoras — pero tiene una lógica interna que lo hace creíble dentro de sus propias reglas.

Me recuerda un poco a Alicia en el País de las Maravillas, y no soy el único que ha notado el parecido. Hay incluso una capa que es literalmente una fiesta disco gigante. Otra es un circuito de carreras que Diddy y Dixie Kong construyeron porque… ¿por qué no? Esa es la respuesta que el juego da a todo: «¿Por qué no?».

Técnicamente hay algunas caídas de framerate puntuales — sobre todo cuando destruyes muchos objetos a la vez en zonas cargadas — pero nada que arruine la experiencia. El equipo de Odyssey sabe optimizar, y se nota.

Void Kong y los jefes

El villano principal, Void Kong, no es exactamente un ejercicio de sutileza narrativa. Es un antagonista directo, amenazante y con un diseño que funciona, pero no esperes giros de guion elaborados. Cumple su función: darte una razón para seguir bajando.

Los jefes, por otro lado, son un punto alto. Cada uno aprovecha las mecánicas específicas de su capa, y algunos requieren usar las transformaciones Bananza de formas que no habías considerado. El boss fight de la Unión (SL 700), donde convergen ambas rutas, es probablemente el mejor enfrentamiento que he jugado en un plataformas 3D en años.

¿Merece la pena los 70 euros?

El precio de 70 euros sigue escociendo. Es la nueva normalidad en Switch 2, y Bananza no se libra del debate. Pero si me preguntas si hay contenido suficiente para justificarlo, la respuesta es sí, sin dudarlo.

La historia principal te puede llevar unas 15-20 horas si vas con prisa. Si quieres completar al 100% — todas las Gemas de Banandium, todas las misiones secundarias, todos los fósiles, todos los outfits — estás mirando fácilmente 40-50 horas. Y el postgame añade desafíos y capas adicionales que extienden la vida útil considerablemente.

Para los completistas, hay contenido de sobra. Para los casuales, la historia principal es lo bastante entretenida como para no sentir que te has dejado 70 euros en algo que acabas en un fin de semana.

Veredicto: el mejor juego de lanzamiento de Switch 2

Donkey Kong Bananza no es perfecto. La dinámica entre DK y Pauline se siente forzada a veces, algunas transformaciones están infrautilizadas, y hay momentos donde la ambición del juego choca con las limitaciones de su diseño. Pero estas son quejas menores en un juego que rezuma diversión por todos sus poros destructibles.

Es el mejor juego de lanzamiento de Switch 2, el mejor Donkey Kong 3D desde Donkey Kong 64 (con permiso de Tropical Freeze en 2D), y una demostración de que el equipo de Odyssey puede hacer magia con cualquier personaje de Nintendo que le pongan delante.

Si tienes Switch 2, Bananza debería estar en tu colección. Así de simple.

Aspecto Valoración
Jugabilidad ⭐⭐⭐⭐⭐
Diseño de niveles ⭐⭐⭐⭐⭐
Historia ⭐⭐⭐
Apartado visual ⭐⭐⭐⭐⭐
Rendimiento técnico ⭐⭐⭐⭐
Duración y contenido ⭐⭐⭐⭐⭐
Nota global 9 / 10

Ficha técnica

Dato Detalle
Juego Donkey Kong Bananza
Plataforma Nintendo Switch 2
Desarrolladora Nintendo EPD (equipo de Super Mario Odyssey)
Género Plataformas 3D / Aventura
Jugadores 1 (modo historia)
Lanzamiento Julio 2025 (título de lanzamiento Switch 2)
Precio 69,99 €
Metacritic 90/100
Duración 15-20h (historia) / 40-50h (100%)

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